Las chicas danesas.
La transexualidad no es un fenómeno actual, existe desde muy antiguo y en distintas culturas. Por ello siempre ha habido personas, hombres y mujeres, que han rehusado de su sexo original y han querido vivir en el otro sexo.
Se considera transexual a la persona que simplemente encuentra una disconformidad entre su sexo psicológico y su sexo físico. Cuando se siente preso en el cuerpo equivocado padeciendo por ello un gran trastorno de identidad sexual.
Después de ver la película, por cierto fantástica y con una muy buena interpretación, escuché una noticia a cerca de un niño pequeño que pidió que le dejaran vestir el uniforme de chica en el colegio porque era así como se sentía. Habló la madre y habló la dirección del colegio, y lo que me sorprendió, con agrado, fueron sus palabras.
Hoy en día donde la cirugía plástica está tan en boga y tan al alcance de todos, nos sigue sorprendiendo que personas determinadas quieran, no por capricho sino por necesidad, cambiar una parte de su cuerpo con la que no se identifican.
El que tiene una nariz grande, orejas soplillos, poco pecho.....acude a un médico para cambiar su fisonomía porque se encuentra acomplejado o no se gusta con esos atributos con lo que ha nacido.
Entonces con los transexuales ¿qué pasa? Ahí si que existe un problema de aceptación, y con razón.
Pensemos por un instante que nos viéramos en un espejo en el que, por arte de magia, nos reflejara un cuerpo que no es el nuestro sino uno del sexo contrario al que tenemos. Solo pensémoslo por un momento. Y además tuviéramos que vestirlo todos los días y actuar con él, y además ocultando nuestros verdaderos sentimientos....¡Horrible!
La película lo retrata de una manera muy sutil y con mucha ternura. Ante todo son personas con derecho a vivir en el cuerpo que les ofrezca la oportunidad de ser felices en vez de estar presos en un cuerpo que no les pertenece.
Aquellos que encuentren apoyo en las personas que les rodean, como es el caso de la película o de esta noticia del niño, conseguirán sus sueños, otros por desgracia vivirán en una eterna mentira o, lo que es peor, en una eterna desdicha.
